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diumenge, 13 de juliol del 2025

My fierce Ignorant Step

Christos Papadopoulos
Mercat de les Flors, 13/07/2025
Festival Grec de Barcelona



Energía que todo lo cambie


El público de danza de Barcelona es muy sincero y solo dedica una cerrada ovación, de pie, en contadas ocasiones. Así ocurrió anoche en el estreno en la ciudad, en el marco del Grec Festival, de la última propuesta de Christos Papadopoulos, la gran estrella griega de estos últimos años. Se trata de My Fierce Ignorant Step. Nuevamente, una pieza minimalista, pero con dos sustanciales diferencias en comparación con sus precedentes: primero, esta es muchísimo más luminosa. Y luego, se aleja de la intención de resultar infalible en su discurso.

La música de Jeph Vanger, sobre la partitura original de Kornilios Selamsis, es prácticamente medio espectáculo. Una adaptación del conocido Axion Esti de Mikis Theodorakis, basada en la poesía d'Odysseas Elytis, muy significativa en aquellas tierras, pues representa muy bien los anhelos de libertad del pueblo griego. Suena impetuosa, severa, cubriendo todo el espectro acústico del Mercat de les Flors. En una tarde en la que la lluvia hizo suspender algunos espectáculos al aire libre del Festival Grec. Es curioso, porque hacia el final de la pieza, las luces estroboscópicas simulan una tormenta lejana, allá en el mar. Una imagen plástica a la que estamos muy acostumbrados en el mediterráneo. Y este juego, enfatizó aún más la velada.

Lo suyo es contar con un elenco dispuesto para ese ejercicio de optimismo. Porque la pieza surge como respuesta emocional a la degradación política del país. Y en su reencuentro con los recuerdos de adolescente, crea una obra desde el gesto mínimo, ilusionada. Ahí los bailarines han empezado con tres de los elementos que se irán repitiendo: la elegancia de los primeros impulsos, pues mueven ligeramente cabeza, brazos y un primer paso, desde la dignidad. El segundo elemento que aparecerá en toda la obra: desde la conexión de grupo, seis mujeres y cuatro hombres, nunca ejecutando por libre, siempre en conexión. Y el tercer aspecto: en sincronía, que mantienen imperturbable toda la obra, pero sin ninguna obsesión por resultar perfectos. Tal cual pasa con las obras humanas, cuando son colectivas. Y la de la gestión de lo público, es una obra de gran grupo, siempre imperfecta.

Ese pequeño, discreto, minimalista gesto, elegante y hecho con toda la intencionalidad, se va amplificando poco a poco. Se desplazan por todo el escenario, habitualmente en proyecciones de extremo a extremo del espacio, con una energía cada vez más compartida, en un ejercicio de resistencia, lucha y compenetración. La observación del grupo genera una fascinación visual, que debe ser algo muy próximo al éxtasis. Se desconecta todo pensamiento en la mirada impenetrable de este grupo en movimiento constante. Y debe ser cosa de las neuronas espejo, pero a la salida del espectáculo es frecuente el comentario de más de un espectador a quien le hubiera encantado estar allí en medio, ejecutando esos gestos. Otra cosa es si hubiese sido con la resistencia que el elenco demuestra.

Relámpagos apagados en la lejanía, como quien los contempla desde la costa, dan buena noticia de lo excepcional del gesto coreográfico que se ha presenciado. Y anuncia un final, más luminoso que el resto de la pieza. Simbolizando así lo poderoso del propio movimiento, en comparación con su ausencia. Porque es ahí en donde esta extraordinaria pieza de Papadopoulos demuestra su madurez creativa. Apunta los instrumentos (en grupo y paso al frente, con actitud), pero no pontifica de qué manera se producirán esos cambios venideros a mejor.

dissabte, 22 de desembre del 2018

Opus

Christos Papadopoulos
Intérpretes: Amalia Kosma, Maria Bregianni, Georgios Kotsifakis i Ioanna Paraskevopoulou
Música: Johann Sebastian Bach
Intèrprets: joves músics de l’ESMUC
Sala Hiroshima, 21 de desembre de 2018


Pentagrama corporal

Una exquisida première de Christos Papadopoulos ha tancat la programació de dansa del 2018 a la Sala Hiroshima, en col·laboració amb el Mercat de les Flors i l’Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC). Quatre intèrprets als instruments (violí, violoncel, flauta travessera i saxo baix) i altres quatre de dansa, cadascú d’ells el reflex fidel al linòleum blanc, expandit sobre la paret frontal i vestits de rigorós negre, com mana el cànon. Negre damunt blanc, partitura espacial, en moviment, dibuixant l’efímer.

Comença la peça d’una manera indeterminada, provatures prèvies, afinació dels músics, primer el violí i el seu mirall a l’escenari, Georgios Kotsifakis. La precisió, l’accent màgic que aquest ballarí aconsegueix, presagia una nit formidable. Al seu cos, s’hi veuen el compàs, la intensitat, la tonalitat i la durada de les notes harmòniques i repetitives d’aquest terç de l’espectacle, mentre s’hi van incorporant a poc a poc la resta d’instruments i les altres tres ballarines, totes de marcada personalitat i extraordinària perfecció tècnica, diverses entre elles; implicades absolutament en la difícil composició de Bach amb la qual jugaran en endavant.

La coreografia de Christos Papadopoulos és un joc sense final: s’inicia d’aquella forma, com una gota d’aigua idèntica, so i moviment. Però es va traslladant cap a altres composicions possibles: ara es coordinen tots quatre; més tard només un parell; de cop sembla que cada nota dinàmica va a la seva; i els cossos opten per un desplaçament físic, en rotació, des de la posició més estàtica on han engegat el treball. Resulta magnífic observar la concentració, que identifiques en la mirada perduda, fixada en les ones sonores que els seus companys produeixen a una banda de l’espai. Coordinació, sensibilitat i perseverança s’apleguen; conjugació i exactitud, en les figures grupals; connexió i transparència en la suma dels dos llenguatges.