Saló del Tinell, 18/09/2026
Mercat de les Flors
Se estrenaba ayer, como obertura de la temporada del Mercat de les Flors, la primera pieza de la nueva “Trilogía de la vida” de La Veronal. Y lo hacía en un espacio arquitectónico singular de la ciudad: el Saló del Tinell o salón del trono. Allí estuvimos.
Publicat a la revista Susy-Q de Danza
EN EL ENCUENTRO
Un par de personajes estrafalarios se tropiezan, cada cual con sus rarezas, en medio del salón gótico de la plaza del Rey, en la actualidad parte del Museo de la Ciudad de Barcelona. Se inauguraba así uno de los posibles espacios que sustituirán las exhibiciones en el Mercat de les Flors cuando empiecen las obras de las salas, el 2027. Ninguna compañía representa mejor el valor de ese teatro -en su labor de acompañamiento a compañías- como La Veronal que estos días despliega “Living and Leaving”, primera pieza sobre la existencia humana.
EN EL ENCUENTRO
Un par de personajes estrafalarios se tropiezan, cada cual con sus rarezas, en medio del salón gótico de la plaza del Rey, en la actualidad parte del Museo de la Ciudad de Barcelona. Se inauguraba así uno de los posibles espacios que sustituirán las exhibiciones en el Mercat de les Flors cuando empiecen las obras de las salas, el 2027. Ninguna compañía representa mejor el valor de ese teatro -en su labor de acompañamiento a compañías- como La Veronal que estos días despliega “Living and Leaving”, primera pieza sobre la existencia humana.
Todo lo que pasa en esa confluencia es justo lo que importa. Subyace una historia, como la del edificio histórico que aprovechan con una iluminación de detalle durante la pieza, pero por encima de todo late el deseo de construir un futuro. La pareja protagonista lo entiende muy bien. Fabio Calvisi llega al espacio con una enorme mochila, de la que cuelgan numerosos cascabeles. Hace retumbar un tambor, con el público repartido en un par de gradas sencillas alrededor de la sala. Simula ser viajero, o más bien un aventurero. Marina Rodríguez aparece después con una presencia mucho más austera. De hecho, representa un personaje empobrecido.
Se ven y surge el milagro. Ya sabemos: esa magia que se traduce en gestualidad. En La Veronal, el encanto nace en el contacto de los cuerpos, en la búsqueda del otro, desde la propia singularidad. Hay mucho de lenguaje teatralizado en esta primera pieza de la trilogía. Se dan vida, porque logran sintonizar. Solo les faltan las palabras que resuenan por los altavoces, en inglés. Se acercan y se alejan con el mismo ímpetu de la necesidad y el miedo al otro. Todo entrelazado en una misma secuencia vital. Los dos intérpretes están realmente convincentes en su rol y son cocreadores de la coreografía, junto a Marcos Morau.
El colectivo sigue creando más allá de sus límites, experimentando e incorporando nuevas maneras de moverse. A destacar un breve solo de ella, jugando con sus pies. Y otro momento en el que entrecruzan piernas, los dos entrelazándose en la horizontalidad. La pieza tiene un punto de teatro del absurdo. En su construcción escenográfica se acerca a algunos de los recursos de las composiciones de circo contemporáneo y danza. Y se define un modelo de danza-teatro mucho más nítido que nunca.
Toda la pieza resuena a encuentro y prodigio. El que se produce entre dos seres que, con anterioridad a ese momento, se desconocían. Con sus excesos, claro está. En el lenguaje mímico, de caras y expresiones exageradas. En la repetición de algunas escenas y momentos, como la ropa que simula muy bien las distintas capas de la personalidad, pero que se calzan y despojan constantemente. En imágenes demasiado explícitas, como la del niño que berrea por los altavoces y que representa una luz de candil en el escenario. No importan esos desajustes: hay una verdad y un compromiso con lo humano que nos retrotrae a La Veronal de las emociones, a lo mejor de su repertorio.
Hablar así, en un espacio y con una compañía que unen historia y futuro del teatro de la danza en la ciudad, es un buen presagio de lo que su nueva directora artística, María José Cifuentes, puede ofrecer. Emocionadamente así lo explicó —empleando el catalán en casi toda su intervención— al final de la presentación de la obra.




