diumenge, 25 d’octubre del 2026

Tiempo de vida

Núvol

Moreno Bernardi
Centre de les Arts Lliures de la Fundació Joan Brossa, 25 d'octubre de 2026


La identitat del pare


Moreno Bernardi
adapta Tiempo de vida de Marcos Giralt Torrente. Una exploració d’un pare pràcticament desconegut, a qui cuida durant els dos últims anys de vida, malalt de càncer. L’obra adverteix en algunes ocasions que es tracta d’una construcció mental dels records, a partir de les relacions entre la família i d’una remarcable incapacitat de comunicació. Arriba un moment que es planteja si les dificultats entre tots dos responen als patrons heteronormatius de paternitat que tots dos han heretat. Però fàcilment s’observa que el conflicte va més enllà.

El problema del relat de vida és que necessita una creença que el sostingui. Dates, anècdotes i fets omplen una idea que es vol demostrar. I que l’obra insistentment s’encarrega de confirmar. No hi ha clarobscurs, que seria justament allò que defineix la qualitat humana. Si el pare no ha estat atent, si no era sol·lícit a l’afecte del fill, és que va ser així, sense matisos ni dubtes.

La fórmula de la representació escènica és la del monòleg. Profús, simbòlicament acusador, ple d’hipèrboles que fan del més petit detall un casus belli. Tot és rancúnia respecte a una vida en què no s’ha gaudit de la companyia de l’altre, i que cal explicar al detall. Excessivament. Esgotadorament. De fet, l’espectacle té, com a mínim, tres finals. No sap mai quan reconciliar-se amb el personatge. Perquè, al capdavall, es tracta d’això: sense compartir, ni entendre, el fill vol provar de veure les causes, el com i el perquè de la decepció. I així intentar cloure una vida plena de dolor.

Moreno Bernardi sosté amb ofici aquella torrentada de paraules. Les pronuncia sense ni un moment de vacil·lació. S’endevina una projecció personal. Les llença al públic talment com si fossin seves. S’acompanya a l’escenari de la música original i del cant en directe d’Aina Serena. També conspícua. També greu en el gest. Facilita les transicions, en l’obra. Serveix com a espai a recer emocional. Aquesta economia de recursos: un intèrpret, una música, es completa amb el llenguatge del creador: la dansa.

En l’àmbit del moviment, la solució és ben coneguda: descriptiva. S’opta per expressions corporals del text recitat. Mans enlaire, posats al·legòrics, desplaçaments de curt recorregut. L’artista gaudeix d’una flexibilitat i d’una capacitat física envejables. Però renuncia a la capacitat emotiva del gest: acompanya només les frases amb un cos que accentua, que fixa la mirada en la circumstància, que emfatitza encara més el moment i el seu relat. És una dansa en deute, que no s’allibera mai del text.

Aquest és un espectacle que potser emocionarà qui tingui encara deutes pendents amb el pare. La psicoanàlisi ens dirà que, per tant, és una obra per a tots nosaltres. Al final, què no podem retreure a una vida d’identitats que es contraposen per la manca més absoluta de comunicació?

Spiegelneuronen

Susy-Q

Sasha Waltz & Rimini Protokoll
Teatre Lliure, 23 d'octubre de 2026


Aquí nos movemos todos

Se presentaba este fin de semana en la Sala Fabià Puigsever de Barcelona, en el marco de la colaboración entre el Festival Temporada Alta y el Teatre Lliure, la obra Spiegelneuronen (2024), a partir de la idea original de Stefan Kaegi, director de la compañía Rimini Protokoll, y que la compañía de Sasha Waltz & Guests quiso acompañar. Dos directores, y bastantes colaboradores —científicos y expertos diversos en neurología, antropología, ciencias culturales, inteligencia artificial y psicología— y un complejo artefacto escénico en el cual también se incluye el movimiento. Bueno, más concretamente: una pieza que quiere que la palabra sirva de argumento al gesto. Conviene retener esa idea, porque de ello depende todo lo demás. Dicho así, parece un poco lioso, así que mejor vamos por partes.

El público ocupa su butaca, como de costumbre, pero no para ver el escenario, sino a ellos mismos reflejados en un espejo compuesto. Y que vibra mucho: detalle muy importante para el efecto visual que se pretende durante la obra. El teatro documental —que es la categoría a la que pertenece esta pieza— necesita también de la palabra. Mucha. En alemán e inglés, sobretitulada en catalán. Y así empieza esta experiencia: con bailarines de la compañía distribuidos por el patio de butacas.

Se requiere mucha concentración. Entre lo que se entiende, lo que se debe leer, los gestos que no sabes de dónde provienen y se reflejan, y el entusiasmo del público —de eso hay mucho—, se generan dificultades de atención que, por suerte, el disfrute colectivo consigue compensar. Sin embargo, hay muchos puntos de anclaje, textos de cierta complejidad y una decisión permanente que tomar mentalmente: ¿participo en el juego?

Cuentan que las neuronas espejo activan en un sujeto la acción que está contemplando. Es algo que la danza nos ha explicado en multitud de ocasiones y no estoy muy seguro de si esta nueva pieza ha venido a clarificar. Se juega mucho en ella. El momento de los globos fluorescentes o el de la platea en modo discoteca son realmente impactantes. Con esos espejos cuadrados temblando y devolviendo imágenes borrosas de la escena. Es una obra que se experimenta muy bien, eso es cierto.

Los bailarines mueven manos, brazos y torso. Hasta se levantan del asiento. De hecho, atraviesan el patio de butacas. Hay mucha intencionalidad significativa en cada pequeño fragmento de la obra. Pero los movimientos no se desarrollan en una coreografía. Falla justamente lo que sabe hacer Sasha Waltz: frases con estructura propia, que crezcan desde su lógica interna y no solo un reflejo del guión documental. El gesto queda relegado a apuntador de la palabra. Esta pieza es mucho más de Rimini Protokoll que de Sasha Waltz. Los intérpretes no generan tensión emocional; el público les sigue por simple mimetismo. Muchas frases muy bien labradas con danza como telón de fondo.

Algarabía y disfrute general: solo tres deserciones durante la primera sesión en Barcelona. El experimento funciona. Está bien ejecutado, pero no es una coreografía.

dissabte, 24 d’octubre del 2026

Natural order of things

Teatro Rosalía Castro

24 d'octubre de 2026






diumenge, 11 d’octubre del 2026

Après moi, le déluge

Susy-Q
La(Horde)
Mercat de les Flors, 9 d'octubre de 2026


La fiesta del gran caos


Hacía tiempo que en el Mercat de les Flors no se veía una apertura como la que se puede disfrutar hasta esta noche con Après moi, le déluge del colectivo (LA)HORDE. Fieles a su estilo de mixtura entre diferentes disciplinas —danza, vídeo en directo, artefacto escenográfico, caracterizaciones y música—, retratan un tiempo que está por acabar: el de los excesos y el n’importe quoi que caracteriza este siglo XXI.

En lo económico y sus lógicas explotadoras, como estos días estamos viendo con la vivienda; en los valores y su decadencia, con los lycées franceses ardiendo justo estas jornadas; y, en general, en las relaciones humanas, que están llegando algo más allá de la lógica anunciada de la sociedad líquida, para convertirse en vaporosa.

Esas y muchas otras cosas invitan a pensar en aproximadamente una hora y poco. Es un grupo de creadores desacomplejados, de crítica social en ristra, dispuestos a confrontar al espectador con temas espinosos, pero siempre desde la imaginación artística y un toque de fantasía. Y, encima, siempre dispuestos a la ruptura narrativa, que en este espectáculo queda enmarcada en la circularidad de lo que acontece en el escenario.

La pieza sufre un poco en la segunda sección, porque quiere representar el infierno en el que nos encontramos, mientras en el mundo de los vivos sucede esa gran fiesta de la desmemoria y la insolidaridad que nos hemos montado. Y claro, con semejante argumento, es difícil no ponerse grave. En exceso, da la impresión. Compensa siempre, de todos modos, ver a los intérpretes del Ballet National de Marseille —que desde el 2019 dirige el colectivo (LA)HORDE—, con esa precisión y exactitud con la que enfrentan todos los personajes, por estrafalarios que sean. Son excelentes en el pequeño detalle, en medio de un espacio limitado por aquel despliegue escenográfico tan especial que exhiben, acuático, en el que se recrea el auténtico fondo de las relaciones sociales actuales. Ahí se explica todo el argumento, aunque resulte complejo.

Pero también son bailarines con un gran fondo físico, como se demuestra en la coreografía central de la obra, en la que se desplazan por todo ese espacio seccionado, corren y se expanden; bailan con desenfreno y se coordinan de manera magistral. Es sin duda una de las partes más fascinantes, por el gran esfuerzo que sostienen, pero sobre todo por la implicación en un proyecto que seguro que no debió resultar fácil al principio de su invención, pero al que contribuyen participativamente, según se explica en el programa de mano.

Con el objetivo de no romper la sorpresa, haríamos bien en pedir a todo el mundo que no explique cómo se desarrollan las escenas o qué elementos aparecen. No están ahí por azar: son necesarios para lo que quieren explicar. Sin spoilers, por favor.

Los bailarines sonríen al inicio, se dejan querer por su público. Es el preludio del caos que representan y que se disfruta, con la condición de que te dejes llevar.

dimecres, 7 d’octubre del 2026

À GOGO

Núvol
WAN (Aina Lanas i Valentina Azzati)
Mercat de les Flors, 2 d'octubre de 2026


Mirada i fantasia

S’ha estrenat al Mercat de les Flors la setena edició de Cèl·lula, un projecte que amb la nova direcció artística de María José Cifuentes encara s’ha posicionat més com a element central de la Casa de la Dansa, per enfortir el teixit creatiu de casa nostra. I que es podrà veure dues setmanes: aquesta i al desembre. Un aspecte inèdit i que hem de reivindicar per als espectacles del moviment: més dies de programació. 

À GOGO és una mirada sobre els ballarins que omplen les pistes de ball, que parteix del reconeixement al seu esforç i a les breus i constants coreografies que protagonitzen. I amb la voluntat de transcendir la mirada més frívola sobre aquesta feina. El rol del go-go dance està present en diferents espais col·lectius d’oci nocturn: des dels cabarets, als clubs, passant per la seva hiperespecialització en els xous de drag queens.

Vuit intèrprets fan seva la màxima que la repetició és la base de la dansa i despleguen, en seqüència, diverses estructures que posen l’accent en diferents parts del cos: els malucs, els braços, les cames enlaire. Al cap i a la fi, hi ha la mirada atenta de l’altre en joc. I aquest és un dels elements més destacables de la peça: en aparèixer ara tots alhora, ara de manera més individualment, l’espectador es pot deixar portar pels seus propis interessos en una relació que semblaria íntima: tu i el ballarí. Amb tota la fantasia que això implica. Al capdavall, passa exactament el mateix que quan ballen enmig de la discoteca.

Hi ha, probablement, un excés d’entrades i sortides de l’escenari, però serveixen per representar també les seqüències temporals amb les quals treballen; altrament, resultaria impossible mantenir el ritme. Al llarg de la peça van mostrant els diferents models: el go-go que balla sol, al capdamunt d’un entarimat; el grup que es coordina per recrear imatges idèntiques; la protagonista solista, il·luminada amb un focus i les seves plomes; o els moments corals, de festa, amb els quals clouen l’obra. A tots ells pretenen representar, sense entrar en judicis: són entre nosaltres, en nombrosos espais d’oci col·lectiu i amb aquesta peça volen reivindicar, des de la perspectiva de la dansa, la coreografia mínima, però precisa que defensen. Per cert, cal destacar el magnífic elenc escollit en càsting: Anna Calsina, Andrea El Ameri, Jayce Guzman, Hanna Tervonen, Kobu, Marc Oliveras, Nicolás Martínez i Natasha Ortiz.

Tot podria semblar neutre: un quadre descriptiu, fins que es produeix un trencament sobtat del relat, que no podem desvetllar aquí, i que situa el públic a l’altra banda: “I tu, què mires amb tanta intensitat?”. És aquí on À GOGO excel·leix. Perquè posa en evidència que sense la mirada no hi hauria aquell moviment seductor. Ni tampoc cap intèrpret que el dugués a terme: persones que amb un gest repetitiu intenten guanyar-se, precàriament, la vida. És en aquest moment quan l’equip artístic WAN (Aina Lanas i Valentina Azzati) convida a una lectura política del tot inquietant: “I jo, què estic mirant?”.

La fantasia es transforma en realitat: en pur consum. La dels cossos normatius. La que impulsa a consumir alcohol a les sales. La que genera frustració pel que és inabastable. La que ens fa viure en l’eterna fantasia de la voluptuositat frustrada. I és aquí on l’espectacle ofereix el seu millor vessant: a través del mateix llenguatge que presenta, i que inicialment semblaria innocent, t’arrossega a la reflexió més punyent. I això, convindrem, aconseguit només amb vuit ballarins que es mouen sense un relat intencionat, és un petit miracle comunicatiu.