diumenge, 25 d’octubre del 2026

Spiegelneuronen

Susy-Q

Sasha Waltz & Rimini Protokoll
Teatre Lliure, 23 d'octubre de 2026


Aquí nos movemos todos

Se presentaba este fin de semana en la Sala Fabià Puigsever de Barcelona, en el marco de la colaboración entre el Festival Temporada Alta y el Teatre Lliure, la obra Spiegelneuronen (2024), a partir de la idea original de Stefan Kaegi, director de la compañía Rimini Protokoll, y que la compañía de Sasha Waltz & Guests quiso acompañar. Dos directores, y bastantes colaboradores —científicos y expertos diversos en neurología, antropología, ciencias culturales, inteligencia artificial y psicología— y un complejo artefacto escénico en el cual también se incluye el movimiento. Bueno, más concretamente: una pieza que quiere que la palabra sirva de argumento al gesto. Conviene retener esa idea, porque de ello depende todo lo demás. Dicho así, parece un poco lioso, así que mejor vamos por partes.

El público ocupa su butaca, como de costumbre, pero no para ver el escenario, sino a ellos mismos reflejados en un espejo compuesto. Y que vibra mucho: detalle muy importante para el efecto visual que se pretende durante la obra. El teatro documental —que es la categoría a la que pertenece esta pieza— necesita también de la palabra. Mucha. En alemán e inglés, sobretitulada en catalán. Y así empieza esta experiencia: con bailarines de la compañía distribuidos por el patio de butacas.

Se requiere mucha concentración. Entre lo que se entiende, lo que se debe leer, los gestos que no sabes de dónde provienen y se reflejan, y el entusiasmo del público —de eso hay mucho—, se generan dificultades de atención que, por suerte, el disfrute colectivo consigue compensar. Sin embargo, hay muchos puntos de anclaje, textos de cierta complejidad y una decisión permanente que tomar mentalmente: ¿participo en el juego?

Cuentan que las neuronas espejo activan en un sujeto la acción que está contemplando. Es algo que la danza nos ha explicado en multitud de ocasiones y no estoy muy seguro de si esta nueva pieza ha venido a clarificar. Se juega mucho en ella. El momento de los globos fluorescentes o el de la platea en modo discoteca son realmente impactantes. Con esos espejos cuadrados temblando y devolviendo imágenes borrosas de la escena. Es una obra que se experimenta muy bien, eso es cierto.

Los bailarines mueven manos, brazos y torso. Hasta se levantan del asiento. De hecho, atraviesan el patio de butacas. Hay mucha intencionalidad significativa en cada pequeño fragmento de la obra. Pero los movimientos no se desarrollan en una coreografía. Falla justamente lo que sabe hacer Sasha Waltz: frases con estructura propia, que crezcan desde su lógica interna y no solo un reflejo del guión documental. El gesto queda relegado a apuntador de la palabra. Esta pieza es mucho más de Rimini Protokoll que de Sasha Waltz. Los intérpretes no generan tensión emocional; el público les sigue por simple mimetismo. Muchas frases muy bien labradas con danza como telón de fondo.

Algarabía y disfrute general: solo tres deserciones durante la primera sesión en Barcelona. El experimento funciona. Está bien ejecutado, pero no es una coreografía.

dissabte, 24 d’octubre del 2026

Natural order of things

Teatro Rosalía Castro

24 d'octubre de 2026






diumenge, 11 d’octubre del 2026

Après moi, le déluge

Susy-Q
La(Horde)
Mercat de les Flors, 9 d'octubre de 2026


La fiesta del gran caos


Hacía tiempo que en el Mercat de les Flors no se veía una apertura como la que se puede disfrutar hasta esta noche con Après moi, le déluge del colectivo (LA)HORDE. Fieles a su estilo de mixtura entre diferentes disciplinas —danza, vídeo en directo, artefacto escenográfico, caracterizaciones y música—, retratan un tiempo que está por acabar: el de los excesos y el n’importe quoi que caracteriza este siglo XXI.

En lo económico y sus lógicas explotadoras, como estos días estamos viendo con la vivienda; en los valores y su decadencia, con los lycées franceses ardiendo justo estas jornadas; y, en general, en las relaciones humanas, que están llegando algo más allá de la lógica anunciada de la sociedad líquida, para convertirse en vaporosa.

Esas y muchas otras cosas invitan a pensar en aproximadamente una hora y poco. Es un grupo de creadores desacomplejados, de crítica social en ristra, dispuestos a confrontar al espectador con temas espinosos, pero siempre desde la imaginación artística y un toque de fantasía. Y, encima, siempre dispuestos a la ruptura narrativa, que en este espectáculo queda enmarcada en la circularidad de lo que acontece en el escenario.

La pieza sufre un poco en la segunda sección, porque quiere representar el infierno en el que nos encontramos, mientras en el mundo de los vivos sucede esa gran fiesta de la desmemoria y la insolidaridad que nos hemos montado. Y claro, con semejante argumento, es difícil no ponerse grave. En exceso, da la impresión. Compensa siempre, de todos modos, ver a los intérpretes del Ballet National de Marseille —que desde el 2019 dirige el colectivo (LA)HORDE—, con esa precisión y exactitud con la que enfrentan todos los personajes, por estrafalarios que sean. Son excelentes en el pequeño detalle, en medio de un espacio limitado por aquel despliegue escenográfico tan especial que exhiben, acuático, en el que se recrea el auténtico fondo de las relaciones sociales actuales. Ahí se explica todo el argumento, aunque resulte complejo.

Pero también son bailarines con un gran fondo físico, como se demuestra en la coreografía central de la obra, en la que se desplazan por todo ese espacio seccionado, corren y se expanden; bailan con desenfreno y se coordinan de manera magistral. Es sin duda una de las partes más fascinantes, por el gran esfuerzo que sostienen, pero sobre todo por la implicación en un proyecto que seguro que no debió resultar fácil al principio de su invención, pero al que contribuyen participativamente, según se explica en el programa de mano.

Con el objetivo de no romper la sorpresa, haríamos bien en pedir a todo el mundo que no explique cómo se desarrollan las escenas o qué elementos aparecen. No están ahí por azar: son necesarios para lo que quieren explicar. Sin spoilers, por favor.

Los bailarines sonríen al inicio, se dejan querer por su público. Es el preludio del caos que representan y que se disfruta, con la condición de que te dejes llevar.

dimecres, 7 d’octubre del 2026

À GOGO

Núvol
WAN (Aina Lanas i Valentina Azzati)
Mercat de les Flors, 2 d'octubre de 2026


Mirada i fantasia

S’ha estrenat al Mercat de les Flors la setena edició de Cèl·lula, un projecte que amb la nova direcció artística de María José Cifuentes encara s’ha posicionat més com a element central de la Casa de la Dansa, per enfortir el teixit creatiu de casa nostra. I que es podrà veure dues setmanes: aquesta i al desembre. Un aspecte inèdit i que hem de reivindicar per als espectacles del moviment: més dies de programació. 

À GOGO és una mirada sobre els ballarins que omplen les pistes de ball, que parteix del reconeixement al seu esforç i a les breus i constants coreografies que protagonitzen. I amb la voluntat de transcendir la mirada més frívola sobre aquesta feina. El rol del go-go dance està present en diferents espais col·lectius d’oci nocturn: des dels cabarets, als clubs, passant per la seva hiperespecialització en els xous de drag queens.

Vuit intèrprets fan seva la màxima que la repetició és la base de la dansa i despleguen, en seqüència, diverses estructures que posen l’accent en diferents parts del cos: els malucs, els braços, les cames enlaire. Al cap i a la fi, hi ha la mirada atenta de l’altre en joc. I aquest és un dels elements més destacables de la peça: en aparèixer ara tots alhora, ara de manera més individualment, l’espectador es pot deixar portar pels seus propis interessos en una relació que semblaria íntima: tu i el ballarí. Amb tota la fantasia que això implica. Al capdavall, passa exactament el mateix que quan ballen enmig de la discoteca.

Hi ha, probablement, un excés d’entrades i sortides de l’escenari, però serveixen per representar també les seqüències temporals amb les quals treballen; altrament, resultaria impossible mantenir el ritme. Al llarg de la peça van mostrant els diferents models: el go-go que balla sol, al capdamunt d’un entarimat; el grup que es coordina per recrear imatges idèntiques; la protagonista solista, il·luminada amb un focus i les seves plomes; o els moments corals, de festa, amb els quals clouen l’obra. A tots ells pretenen representar, sense entrar en judicis: són entre nosaltres, en nombrosos espais d’oci col·lectiu i amb aquesta peça volen reivindicar, des de la perspectiva de la dansa, la coreografia mínima, però precisa que defensen. Per cert, cal destacar el magnífic elenc escollit en càsting: Anna Calsina, Andrea El Ameri, Jayce Guzman, Hanna Tervonen, Kobu, Marc Oliveras, Nicolás Martínez i Natasha Ortiz.

Tot podria semblar neutre: un quadre descriptiu, fins que es produeix un trencament sobtat del relat, que no podem desvetllar aquí, i que situa el públic a l’altra banda: “I tu, què mires amb tanta intensitat?”. És aquí on À GOGO excel·leix. Perquè posa en evidència que sense la mirada no hi hauria aquell moviment seductor. Ni tampoc cap intèrpret que el dugués a terme: persones que amb un gest repetitiu intenten guanyar-se, precàriament, la vida. És en aquest moment quan l’equip artístic WAN (Aina Lanas i Valentina Azzati) convida a una lectura política del tot inquietant: “I jo, què estic mirant?”.

La fantasia es transforma en realitat: en pur consum. La dels cossos normatius. La que impulsa a consumir alcohol a les sales. La que genera frustració pel que és inabastable. La que ens fa viure en l’eterna fantasia de la voluptuositat frustrada. I és aquí on l’espectacle ofereix el seu millor vessant: a través del mateix llenguatge que presenta, i que inicialment semblaria innocent, t’arrossega a la reflexió més punyent. I això, convindrem, aconseguit només amb vuit ballarins que es mouen sense un relat intencionat, és un petit miracle comunicatiu.

dissabte, 19 de setembre del 2026

Living and Leaving

Saló del Tinell, 18/09/2026
Mercat de les Flors

La Veronal inauguró anoche la temporada del Mercat de les Flors en el Salón del Trono

Se estrenaba ayer, como obertura de la temporada del Mercat de les Flors, la primera pieza de la nueva “Trilogía de la vida” de La Veronal. Y lo hacía en un espacio arquitectónico singular de la ciudad: el Saló del Tinell o salón del trono. Allí estuvimos.

Publicat a la revista Susy-Q de Danza

EN EL ENCUENTRO

Un par de personajes estrafalarios se tropiezan, cada cual con sus rarezas, en medio del salón gótico de la plaza del Rey, en la actualidad parte del Museo de la Ciudad de Barcelona. Se inauguraba así uno de los posibles espacios que sustituirán las exhibiciones en el Mercat de les Flors cuando empiecen las obras de las salas, el 2027. Ninguna compañía representa mejor el valor de ese teatro -en su labor de acompañamiento a compañías- como La Veronal que estos días despliega “Living and Leaving”, primera pieza sobre la existencia humana.

Todo lo que pasa en esa confluencia es justo lo que importa. Subyace una historia, como la del edificio histórico que aprovechan con una iluminación de detalle durante la pieza, pero por encima de todo late el deseo de construir un futuro. La pareja protagonista lo entiende muy bien. Fabio Calvisi llega al espacio con una enorme mochila, de la que cuelgan numerosos cascabeles. Hace retumbar un tambor, con el público repartido en un par de gradas sencillas alrededor de la sala. Simula ser viajero, o más bien un aventurero. Marina Rodríguez aparece después con una presencia mucho más austera. De hecho, representa un personaje empobrecido.

Se ven y surge el milagro. Ya sabemos: esa magia que se traduce en gestualidad. En La Veronal, el encanto nace en el contacto de los cuerpos, en la búsqueda del otro, desde la propia singularidad. Hay mucho de lenguaje teatralizado en esta primera pieza de la trilogía. Se dan vida, porque logran sintonizar. Solo les faltan las palabras que resuenan por los altavoces, en inglés. Se acercan y se alejan con el mismo ímpetu de la necesidad y el miedo al otro. Todo entrelazado en una misma secuencia vital. Los dos intérpretes están realmente convincentes en su rol y son cocreadores de la coreografía, junto a Marcos Morau.

El colectivo sigue creando más allá de sus límites, experimentando e incorporando nuevas maneras de moverse. A destacar un breve solo de ella, jugando con sus pies. Y otro momento en el que entrecruzan piernas, los dos entrelazándose en la horizontalidad. La pieza tiene un punto de teatro del absurdo. En su construcción escenográfica se acerca a algunos de los recursos de las composiciones de circo contemporáneo y danza. Y se define un modelo de danza-teatro mucho más nítido que nunca.

Toda la pieza resuena a encuentro y prodigio. El que se produce entre dos seres que, con anterioridad a ese momento, se desconocían. Con sus excesos, claro está. En el lenguaje mímico, de caras y expresiones exageradas. En la repetición de algunas escenas y momentos, como la ropa que simula muy bien las distintas capas de la personalidad, pero que se calzan y despojan constantemente. En imágenes demasiado explícitas, como la del niño que berrea por los altavoces y que representa una luz de candil en el escenario. No importan esos desajustes: hay una verdad y un compromiso con lo humano que nos retrotrae a La Veronal de las emociones, a lo mejor de su repertorio.

Hablar así, en un espacio y con una compañía que unen historia y futuro del teatro de la danza en la ciudad, es un buen presagio de lo que su nueva directora artística, María José Cifuentes, puede ofrecer. Emocionadamente así lo explicó —empleando el catalán en casi toda su intervención— al final de la presentación de la obra.