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dijous, 5 de juliol del 2018

Xenos

Akram Khan
Mercat de les Flors, 04 de juliol de 2018
Festival Grec de Barcelona


Cohabitació

Més enllà del significat de l’obra, el solo de comiat com a ballarí d’Akham Khan és una reconciliació definitiva amb l'origen bangladesí de la seva família. L'aproximació s'ha anat produint poc a poc, especialment des que ell és pare. L'anterior solo, Desh, va marcar el punt d’inflexió: un homenatge a la tradició heretada. Londinenc d'esperit, ha anat connectant la seva creació a un llenguatge de dansa que no ocupava pas el seu interès fa uns anys. Recordem una de les visites més clamades al Mercat de les Flors: Vertical Road. La consciència de pertinença a una comunitat, amb l'interès pel kathak -la dansa tradicional d'aquell país- l'ha dut aquests anys a col·laboracions que quedaran en la memòria de l'afeccionat: és el cas de Torobaka amb Israel Galván. Precisament perquè recercava la (re)trobada amb un esperit diferenciat de la dansa contemporània, de la qual és màxim exponent.

Xenos actua com a catalitzador: ha trobat l'espai suficient de contacte entre ambdues tradicions. Després de tot, la colonització crea un pont -tan violent com es vulgui- entre dos estrangers, significat de la paraula del títol. La pregunta, esclar, té a veure amb el sentit de tot plegat i no s'esquiva al llarg de la representació: joves obligats a matar. Potser ballarins, d'atlètica constitució, obligats al desastre de la destrucció. Bellesa i horror, en un mateix escenari de la vida.

Akram Khan representa aquell estranger de si mateix: en un país que l'hi ha donat l'oportunitat d'establir una sòlida carrera, com a solista i amb la companyia. Arrelat a una història familiar que entronca amb els episodis més foscos de la història. Així és la realitat de la immensa majoria dels països occidentals, per poc que s'esbrini. Balla amb els picarols, al so de les música tradicional en directe a l'inici de l'espectacle. Sever, taconejant nu sobre la terra eixorca abans de ser arrencat d'aquell entorn. Després vindrà el gest veloç, el desplaçament circular, mentre assenyala amb les mans els territoris indòmits de la pròpia història de la humanitat. L'altra Akram Khan que regala una intensa interpretació final de mitja hora, en un relat global un pèl excessiu, reiteratiu. És una reconciliació, és ben cert, però d'estils i realitats tan diferents que obliguen a cadascuna d'elles a expressar-se en moments diferents de l'obra.


diumenge, 5 d’octubre del 2014

Torobaka

Israel Galván & Akram Khan
Mercat de les Flors, 3 d'octubre de 2014


Anda jaleo, jaleo...

Furia y sosiego. Como se sucede entre fuego y tierra. Calor, violencia y combustión frente a frío, raíz y estabilidad. Los otros dos elementos son agua y aire. Así lo propusieron los antiguos griegos cuando se enfrentaron al reto de pensar sobre el principio de todas las cosas o arché. Hasta que llegó Aristóteles y tuvo necesidad de incorporar lo que unía a todos ellos: la quitaesencia. 

En un escenario vacío, en el que los focos dibujan un círculo, se juega el flamenco de Israel Galván y el kathak de Akram Khan. Cuerpo (tierra), música (agua), aire (arte) y fuego (danza). Torobaka toma el título y la idea del poeta dadaísta Tristan Tzara: entre todos los elementos del lenguaje, la construcción de algo nuevo por combinación artificiosa. Dos singularidades que se confrontan para dejar de ser cada cual y pasan a generar experiencia (quintaesencia). 

¿Alguno de aquellos elementos sería más importante que el otro? Desde luego que no. Por eso la obra está dividida en secciones: solo al principio y al final -en ese sentido circular de la iluminación- se atreven a combinar su talento. Y en las demás partes cada uno muestra su quehacer, como Akram se atreve con un zapateado descalzo y Galván con el juego imposible de gestos parlantes. La música, con algunas versiones de las canciones populares que Lorca recogió y armonizó; al lado de las voces de Christine Leboutte y Bernhard Schimpelsberger, el compositor David Azurza y el cantaor Bobote, son la muestra de esas múltiples lenguas y tradiciones populares. “Anda jaleo, jaleo...” cantan juntos.

Y ésa es la mayor (y mayúscula) aportación de esta colaboración: una fiesta creativa, una celebración de la diversidad, una ráfaga de aire fresco, un grito a la esperanza, un relámpago danzado.



dijous, 18 de juliol del 2013

Desh

Akram Khan
Burgtheater, 16 de juliol
Impulstanz 2013, Viena

Escapar sin huir



Conviven con nosotros millones de ciudadanos que tienen raíces familiares más allá de Europa y de gran excelencia en sus quehaceres, como es el caso de Akram Khan, a quien debemos algunas de las mejores páginas de la última década en danza contemporánea, desde su base en Londres. Recordemos aquí su último paso por Barcelona, con el espectáculo Vertical Road: un ejemplo extraordinario de expresividad física, en el marco de una historia de reflexión mágica. Danza y cuento suelen ir de la mano de este reconocido coreógrafo, en espectáculos de gran formato. En pocos días, también en Impulstanz Viena se podrá ver su obra más reciente: ITMOi, un particular homenaje al centenario de Le Sacre du Printemps.

Imagino que también conviven, en el corazón o la mente de estos ciudadanos (sea donde estén las raíces de cada cual), una doble identidad a camino entre los ancestros y la de un futuro dibujado a golpe de trayecto diario. Ésta es la temática de Desh, representada por una pequeña planta con la que se inicia el solo, delicada y frágil, pero con raíces profundas como se comprueba a lo largo del espectáculo. A camino entre los valores, tradiciones y formas de vivir (no siempre concordantes) ejemplificados en dualidad: entre la figura del padre (presente en escena a través del propio Akram) y la del hijo (a quien también da vida con mímica y una voz en off). Profusión de técnicas entre la danza y el teatro, dispuestas en secuencias claramente delimitadas, para explicarnos que, así como de los árboles sólo vemos su exterior, tallo y hojas pugnando por subir más alto; no debemos olvidar que se esconde bajo tierra prácticamente la mitad de su ser: las raíces.


Es en esa deliberada voluntad didáctica, que el espectáculo llega a uno de los fragmentos visuales más impactantes, gracias a las proyecciones de animación de la compañía Yeast Culture, reconocidos y premiados creadores en ese ámbito. Sería imposible conjugar el crecimiento en vertical de esa planta, si no la conectamos con sus raíces. O lo que es lo mismo: un presente -de manera especial en esta sociedad occidental a la deriva- no se podría construir de una manera equilibrada si no fuera con un buen conocimiento del pasado. Y de sus particularidades individuales. Y a la manera como se suelen contar las buenas historias: con la magia de los héroes, los peligros al acecho de elefantes y serpientes, y la imagen de una vida siempre en movimiento, en continuo gesto de progreso; la obra llega a un clímax narrativo magistral, entre el danzar y el proyectar: nueva dualidad en escena.


Y luego están, claro, esos momentos de auténtica maravilla emocional en los que Akram Khan tiene oportunidad de demostrar que es un gran bailarín, además de un creador de historias. Y aunque es posible que en este capítulo no se vea nada especialmente diverso de ese estilo tan característico suyo, entre el ímpetu físico y el detalle del pequeño instante; sin duda esta pieza permite una mirada más completa de un artista que danza tan bien, como se expresa con otros múltiples recursos. Es una mirada más calidoscópica la que ofrece de sus capacidades en escena, hasta el punto que parecería que fuera una compañía entera la que actúa, en un permanente desdoblamiento de papeles y técnicas treatrales y dancísticas.




Esto de tratar de nuestros ancentros, ¿verdad? Podría haberse convertido o en un ajuste de cuentas o una mirada complaciente. Pues bien: eso es quizás lo más inmenso y destacado de esta pieza. “En mi casa”, que es como se podría traducir la palabra en sánscrito Desh, pasa como en la de cualquiera de nosotros: con sus cosas buenas, algunas para olvidar y bastantes para recordar. Ni idealizaciones, ni rechazos. Así es este acercamiento (diría que a la mente y al corazón a la vez) que Akram Kan propone a sus espectadores.

diumenge, 20 de març del 2011

Vertical Road

Vertical Road, Akram Khan Company
Mercat de les Flors, 19 de març de 2011
Eulàlia Ayguade Farro, Konstatina Efthymiadou, Salah El Brogy, Ahmed Khemis, Young Jin Kim,Yen-Ching Lin, Andrej Petrovic, Paul Zivkovich

Darrera un gran plàstic translúcid situat al final de l’escenari i que penja de banda a banda, una ballarina l’empeny infructuosament, amb forts moviments convulsius, sorolls que provoca contra el propi material i violents cops de música. Intenta sortir a l’espai obert. És el pas a l’altra banda, de no retorn. Res no sabem de la causa d’aquella traspàs. La resta de ballarins ocupen l’escenari adormits, en semicircumferència, al voltant de l’ombra que aquella ballarina projecta sobre el límit que separa els dos móns. Només copsem l’angoixa amb què comença l’espectacle.

Vertical Road bé podria ser el relat de la sorpresa de l’home ancestral davant del misteri de la mort. I, en conseqüència, el de l’aparició del mecanisme de protecció que l’espècie fou capaç de crear per apaigavar el dolor (primer) i la inquietud que provocà (després.) Éssers de la fugacitat, movent-se violentament, compassats per una música repetitiva i de grans dimensions místiques, amb què el grup dóna resposta, a aquesta banda del plàstic, a la desesperació. Si heu vist cap altre espectacle anterior de la companyia, us vindrà a la memòria la violència del gest, la fisicalitat desbordant, l’energia desbocada i  la contundència del moviment. És Akram Khan en estat pur, al límit, sempre impactants, incansables, sense respir, tempestuosos. Tenen la roba impregnada per una pols que va quedant en suspensió per tot l’espai: referència clara a la naturalesa humana.

El tercer episodi és conseqüència directa, en la comunitat, de la sorpresa davant l’interrogant existencial que el plàstic ha generat: apareix el líder espiritual. Som fitxes grans de dominó situades en l’extrem de l’escenari que cauen successivament amb el més mínim impuls. En aquest punt l’obra genera una de les imatges més belles: a la manera com els titelles, els ballarins s’impulsen, cauen, es traslladen, salten, col·lisionen, sempre manipulats per la presència del gurú (que mai arriba a tocar-los físicament) però que amb les seves mans, projectant-les sobre aquells cossos, en un efecte màgic, comanda els moviments contra la seva voluntat. I a la manera dels darvitxos inicien aquell ball circular sobre el propi eix tan característic de la mística. Queda inaugurada per a la història de la humanitat la cerimònia, les religions i els seus poders. I amb ella, l’obscura història dels llibres sagrats, que paradoxalment tantes morts ha provocat.

L’expressió dels ballarins és un aspecte a ressaltar. Més enllà de la seva força física, imprescindible per suportar el nivell d’exigència que requereix la peça, hi ha una projecció de sorpresa que surt de dins cap enfora davant del relat que estan explicant. Una pertorbació de l’ànima, una indignació arrelada a la incomprensió que genera saber-nos part de la barbàrie. Perquè fins i tot en el cas que mai no haguéssim participat directament en els episodis que es relaten, som hereus d’aquella condició humana: massa humana! Sens dubte, la transmissió d’aquestes emocions és un dels elements més solvents d’aquest autèntic festival de la paraula en moviment en què es converteix Vertical Road.


I com no podria ser d’altra manera, darrera d’aquell plàstic translúcid que sempre ha presidit el fons de l’escenari, hi acabaran tots els ballarins, amb idèntics crits visuals com començàvem, mentre plou sobre aquell teló i l'aigua purificadora acaba fent desaparèixer qualsevol rastre d'existència. Només el líder espiritual resta sol, en mig de l’escenari.

Poder, algun dia, els humans ho arribarem a entendre: només som pols...



Why Akram Khan Is Major, Dance Magazine