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dilluns, 11 de juliol del 2016

Le mouvement de l'air

Adrien M & Claire B
Mercat de les Flors, 10/07/2016
GREC FESTIVAL DE BARCELONA


Publicat també al portal de crítics Recomana.cat

Vaporós

Actitud contemplativa. Heus aquí una de les exigències de la dansa. I no és poca cosa! Requereix paciència i confiança. La primera qualitat és conseqüència de la minuciosa construcció semàntica d'una coreografia. Si a més, i tal com és el cas, s'hi suma la utilització d'eines digitals com a recurs escenogràfic, l'espera queda amplificada. Serà potser per la immediatesa o aquesta necessitat arreu de resultats ràpids. Però el cert és que la dilatació en el temps de l'experiència estètica havia estat la clau de volta per distingir entre un impuls creatiu, fugaç i ràpid; i una obra d'art sedimentada, matisada, construïda a partir de diversos elements. I en la recepció calmada, atenta, que necessita de molts minuts per a la contextualització, que ha de preparar, anar acostumant els sentits per l'esdevenir, s'hi troba la grandesa d'una creació. Així ha estat mínim des del Romanticisme i almenys que algú em demostri el contrari, aquesta és encara la mirada occidental. Així que calma!

La segona característica és la confiança. Terreny difícil aquest perquè el teatre de cartró pedra mira recelós la tecnologia digital. I aquests, al seu torn, tenen un coneixement molt limitat de la història de les arts escèniques. Tot plegat en el context inaudit que la dansa viu des de fa dècades: mentre s'allunya esparverada de la tradició clàssica, i alhora enyora l'instrumental tècnic amb què, temps llunyans, deixava bocabadat el públic. La veritat és que les novetats encara no han trobat el seu encaix, ni la tradició ha deixat d'existir. Aquest és un temps de canvi, potser ens agradaria que fos més veloç, però encara ens caldrà ben bé una dècada per gaudir-ne els resultats. Però és inqüestionable que som en un punt de no retorn!

Le mouvement de l'air és l'intent més reeixit de tots els espectacles que ens han arribar a Barcelona d'aquesta companyia francesa. Encara vaporós, és cert: sense novetats tecnològiques definitives, ni execucions tècniques (ballades) a ressaltar. Però s'hi endevina una intenció, una fina línia potser, però definida: es tracta naturalment de la dramatúrgia, el darrer element sense el qual no podrem inaugurar per fi una nova etapa. Les eines digitals i la dansa al servei de la història. Aquest és un gir copernicà. Els afeccionats a la dansa coneixem bé les lluites fratricides entre ancien régime i contemporaneïtat. Com no havia de passar així amb la incorporació de noves tecnologies si encara està en disputa la qüestió de la forma i el fons?


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Poca estona després de publicat aquesta crítca, el Twitter bullia. Tot va començar amb el Carles Sora (sí, el meu germà... però pel que compta aquí, un expert en art multimèdia)

I la Margarida Troguell, sempre atenta a qualsevol cosa que tingui a veure amb les arts escèniques i ensumant-se una bona disputa digital (i fraternal) hi va posar cullarada:


I a partir d'aquí: vosaltres mateixos us podeu fer una idea! 



I aquí ens hem quedat: amb la promesa que farem un debat un dia, amb calma, sobre eines digitals i dansa (arts escèniques en general)
;)

Uns dies més tard, unes notes de Carles Sora, professor de Comunicació Audiovisual UPF sobre el tema: 

diumenge, 12 de juliol del 2015

Cinématique

Festival Grec de Barcelona 
Compagnie Adrien M / Claire B 
Mercat de les Flors, 11 de juliol de 2015

Publicado en el portal de críticos Recomana

Foto: Adrien Mondot

Sueño digital

En las propuestas de danza y artes digitales de la compañía Adrien M / Claire B todo se muestra. Por eso presenciamos en directo el dibujo cambiante de las formas sobre las que la bailarina se desplaza. Hay una intencionalidad evidente en ese esfuerzo: podrían simplemente enseñar lo plástico de ese juego, con las imágenes en movimiento que tanto lo digital como lo humano producen. Pero ésa es, precisamente, la primera advertencia de su trabajo: cuando hablamos de artes en movimiento lo hacemos todavía sin considerar que ni la creación, ni el gesto en desplazamiento pertenecen en exclusiva a nuestras humanas capacidades, mundo tangible de la física de las partículas; ciegos todavía como somos a esa otra realidad que existe: la cuántica.

Pero Cinématique va todavía más allá en los presupuestos teóricos sobre los que se sustenta. Uno tiene que ver con la propia teoría de la danza. El otro con la imagen en movimiento y es un homenaje a los pioneros del cine. En ambos casos se trata de un recordatorio: ¿podemos siquiera imaginar cómo eran aquellas viejas experiencias en las que en una sala a oscuras aparecía en la luna un cohete encastado? Tenemos la tendencia a olvidarlo, por lo habituados que estamos a que nuestros ojos sean incapaces de leer el fotograma, por la lentitud con la que procesan la velocidad con la que se proyecta delante nuestro. Pero la ilusión óptica es la base, como sabemos, del cine. Y también del arte digital, siempre en flujo constante entre opuestos binarios de fugaces ráfagas de luz.

Por lo que respecta a la danza, Cinématique no presenta efectivamente unas prestaciones técnicas por parte de la bailarina que vaya demasiado más allá de la corrección interpretativa. Tampoco es eso lo que se busca. Hay en la base del espectáculo un reconocimiento a uno de los principios del ballet y la danza clásica que justifica la pertinente adscripción de este espectáculo con esa tradición y que hemos de celebrar, especialmente si recordamos que la compañía triunfa en todo el mundo siendo presentada como un ejemplo de esos nuevos espacios creativos entre las artes digitales y las del movimiento. Todo muy actual, muy nuevo, con lo que poder hacer tantas cosas, que les obligan a no olvidar las bases de sujeción.

Y en lo que aporta una bailarina en una experiencia teatral como ésta, se encuentra algo muy primitivo, pero por ello fundamental en nuestra relación para con el arte: la pura contemplación (de la belleza, me permitiréis...) Ésa es la esencia de lo estético. Luego podemos hasta intentar derrotar los conceptos de lo que en su origen representa la mirada espectadora. Podemos hasta dejarnos confundir con la palabra y que sea ésta presentada como la esencia de lo teatral. Pero lo que antecedió al discurso, fue el gesto en movimiento y la admiración que generaba su contemplación. Algo de tanta fortaleza y esencia que no es de extrañar que para una compañía que apuesta por las herramientas digitales bien visibles sobre el escenario, conscientes de esa historia que define la propia humanidad, y como anticipando que en las próximas décadas algo está cambiando, centren su espectáculo en bellas escenas para la contemplación pausada.

Atentos, parecen advertirnos, porque comienza el sueño digital.

Hakanaï

Festival Grec de Barcelona 
Compagnie Adrien M / Claire B 
Espai Lliure, 11 de juliol de 2015

Publicado en el portal de críticos Recomana

Foto: Romain Etienne

Cárcel digital

En un cubo de tela, dentro del cual se sitúa una bailarina, se proyectan en sus cuatro paredes imágenes en movimiento con las que interactúa. El valor simbólico de ese juego puede resultar múltiple, siempre a elección del espectador, porque no se dan pistas para deshacer ningún hilo argumental. Eso no es necesario: una de las características de la compañía francesa Adrien M / Claire B es poner en evidencia una cierta dependencia narrativa frente a la cual la danza, y el teatro por extensión, sienten vértigo y responden con argumentos un tanto conservadores cuando se hace evidente. Este es el caso de Hakanaï, pues aunque parte de unas consideraciones mínimas -fundamentales para quien se dedica a reflexionar sobre el movimiento y sus artes- como las ideas de fragilidad y evanescencia, renuncian a conducir el significado final que pueda darse a la obra para dejarlo a la imaginación de cada cual.

Desde ese punto de vista, las propuestas de la compañía beben de dos presupuestos básicos en el ámbito de la danza: uno lo comparte con el arte contemporáneo y tiene que ver precisamente con esa disociación definitiva entre sentido y producto final. El otro es más austero todavía, por lo que tiene de novedoso para quién no esté muy adentrado en estas cuestiones: se relaciona con la renuncia a considerar el movimiento y sus coreografías como algo propio de lo humano, ni siquiera de los seres vivos, y que se reconoce en cada desplazamiento que se puede producir en la realidad física que percibimos y en la que no.

Esta es, efectivamente, la mejor anticipación de Hakanaï porque nos advierte que las cosas de la percepción como las entendemos en los primeros años del desarrollo de la realidad virtual, las imágenes proyectadas, la interacción y el reconocimiento de voz, sólo han hecho que iniciar su despliegue hacia un futuro desconocido. De aquí un tiempo probablemente un cubo de tela situado en medio de un escenario casi nos hará sonrojar por lo básico y poco tecnológico que nos resultará. Sucederá que la línea que con tanta certeza ahora nos permite separar realidad y ficción será invisible a nuestros ojos. Solo hace falta imaginarlo señalando aquí ese engaño visual, en un momento concreto de la pieza y que nadie cuestionará porque podemos darle una explicación científica, en el que la bailarina parece que esté desplazándose como en una especie de ascensor. Pues bien: ¿podemos imaginar qué pasará cuando la realidad virtual invada el escenario y sus alrededores y esa mentira (base del teatro y la danza) sea todavía más sofisticada? Y lo que es más importante: ¿seguiremos pidiendo enlazar con conectores antiguos nuestra experiencia entre lo observado, lo narrativo y lo experimentado?

En Hakanaï la cárcel es digital. Y su bailarina solo puede que interaccionar con ella. Pero es sólo un paso, minúsculo, pero determinado, para lo que ni siquiera podemos ser capaces de imaginar el día que la tecnología vaya un poco más allá de nuestra percepción tan definitivamente prisionera.